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Desde la esquina Oeste del Hotel, descender unas deterioradas e inadvertidas escaleras. Tras “Es Mirador d’es Pi”, un camino bastante expuesto y unos bancos que quedan resguardados por la cornisa, dejamos a la izquierda a un merendero; al que luego visitamos. En una bifurcación de caminos; elegir la opción de la izquierda. A continuación, inmediatamente en otra bifurcación seguir hacia la izquierda. Desde la capilla ascender unas escaleras que nos dejan al mismo merendero que hemos rebasado antes. Subir hacia arriba por la pendiente enlazando al mismo camino de antes. Continuar hacia la izquierda hasta que llegamos a la misma bifurcación; esta vez descartar la opción de la izquierda (que ya elegimos antes para ir a la Capilla) y continuar hacia Miramar a la derecha. Tras unos minutos y descartar el desvío que desciende a la izquierda, superar unas escaleras hechas con palos. Situados en “Els Pontets de Sa Font Coberta”; puentes entre los que fluye un caudaloso arrollo, buscar otras escaleras de palos situadas cerca de las mismas escaleras que hemos acabado de subir. Tras una vereda y un camino escalonado que sube por la cornisa (Coves de Ponent), el itinerario llega al monasterio de Miramar. Si estamos de cara al mar, caminar hacia la derecha hasta encontrar a un mirador en forma de herradura. Desde allí seguir por “Es camí d’es Guix” que desciende hacia la izquierda. Tras otro mirador, llegamos a una bifurcación difícil de ver; descartar el camino que desciende hacia la derecha y seguir recto a la sombra del encinar por un camino que no está marcado. Después de una zona de escombros, cruzar una torrentera. Seguir recto, y enlazar con un camino marcado que hay que seguir por la derecha. Después de “Es Mirador d’es Creuer”, descender por una vereda que va bastante expuesta. Tras unos 10´, llegamos al “Camí de Ses Vinyes", una pista pavimentada que desciende al Caló de s’Estaca. A continuación remontar la misma pista hasta llegar a la propiedad de s’Estaca, que reconocemos por su color blanco. Seguir por el cami de ses Vinyes, tras unas barreras y bellas propiedades, llegamos a una pista de asfalto que hay que descender hasta llegar a sa Marina de Valldemossa, meta del itienario.

La ruta empieza junto a un edificio moderno que se levanta en el mismo lugar donde en 1873, el Archiduque hizo construir una antigua hospedería conocida popularmente como Ca Madò Pilla, para los visitantes que quisieran descubrir aquellos parajes.
En el interior del hotel se encuentra el Mirador de s’Hostatgeria y a pocos metros del establecimiento, al otro lado de la carretera, nace el Camí de sa Muntanya que nos llevaría hasta el elegante mirador d’es Tudons. Justo a medio kilómetro, después de la capilla del Beat Ramon Llull, nuestro itinerario se encontrará con la bella propiedad de Miramar; un enigmático enclave, que aunque se encuentra situado cerca de la carretera, yace inadvertido escondiéndose en la exuberancia de sus bellos jardines.
Desde la esquina oeste del Hotel, emprendemos nuestro viaje. Una pared baja, nos esconde el inicio del camino. Antes de superar el botalón, una indicación ya nos advierte de la peligrosidad del recorrido. Para evitar riesgos y a menos que nos acompañe un guía titulado, es imprescindible que empecemos la ruta directamente desde Miramar.
Llama la atención el gran abandono de la zona, pues es un lugar muy frecuentado, pese a que su acceso fue cerrado después de producirse  un accidente. Tras superar el murete de piedra, descubrimos un camino escalonado en mal estado, que nos llevará hasta el primer mirador. Junto a la terraza del hotel, el inicio del camino transcurre sobre un tramo pavimentado, bastante deteriorado con una suave pendiente descendente. Al instante, tras algunos pinos caídos que dificultan el paso, se nos presenta el primer mirador. El Mirador d’es Pi o d’es Corb; así como lo nombró el Archiduque, domina las pendientes inquietantes de Son Galceran desde la Marina de Valldemosina; meta de nuestra ruta, hasta el Guix donde el archiduque tomaba sus famosos baños. Con panorámicas tan vertiginosas así como increíbles, a nuestros pies y hacia poniente, veremos a la finca de s’Estaca; destacando por su color blanco sobre el verde de sus viñedos de malvasía y el azul del mar, fue adquirida por el Archiduque entre 1873 y 1876. Actualmente, esta construcción de estilo siciliano, es conocida por haber sido una de las residencias de verano del conocido actor norteamericano Michael Douglas. Desde el mirador, retrocediendo por las mismas escaleras, recuperamos la senda e inmediatamente nos encontramos con dos opciones; descartando el camino que se desvía hacia la derecha, marcado por pequeños obeliscos, elegimos la opción de la izquierda que se desvía sobre una peligrosa senda. El trayecto continúa por una recta, en realidad se trata del Camí de Sa Torre; que fluye sobre un paso delicado por debajo de otro mirador al que no podremos ver, ya que se encuentra en la misma propiedad privada del hotel. Expuestos al abismo, recorremos un despeñadero alargado. Un cable sujeto a la roca nos ayudará a no despeñarnos.
En caso de vértigo, mejor no seguir. Descendemos la peligrosa senda, que discurre sinuosa entre pinos que luchan por estar derechos. Pronto hacia el norte se descubre Sa Foradada; ese promontorio que parece un dragón tendido y discretamente mirándonos, a la luminosidad de la Capella de Ramón Llull, siempre presente en los bellos parajes del Archiduque. Mientras tanto,  seguimos caminando por el vertiginoso escenario, hasta que el camino ha ganado terreno a la montaña y tras unas escaleras, descubrimos “Els predissos de sa font de s’Hermitanet”; que quedan al resguardo de una pequeña cueva. En unos pasos más, en la cumbre de un imponente peñasco, se levanta la capilla de Ramón Llull, unas de las joyas del legado patrimonial que nos dejó el Archiduque.




Un puente de piedra salva el vacío hasta la roca. Después de la sorpresa de encontrar tan notable construcción en estos parajes, nos invade el desencanto al ver el estado deplorable del monumento; un rayo la destruyó parcialmente en 1975. La cúpula se ha perdido y los muros están muy deteriorados.
El edificio, fue creado para conmemorar el sexto centenario de la fundación de Miramar. La primera piedra; expresamente transportada desde Bugia, fue instalada el 21 de enero de 1877. Este pequeño oratorio, de planta circular, estaba cubierto por un tejado cónico y un templete decorado con ventanas ajimezadas. La base del monumento, se puede recorrer con mucho cuidado en todo su perímetro, aunque la barandilla se encuentra muy oxidada y está incompleta. Una estatua de mármol del pensador mallorquín presidía el espacio interior, decorado con mucho detalle. Ya en el merendero de la capilla, aprovechamos para hacer un descanso rodeados de un memorable escenario.
Recuperamos el camino que hemos dejado atrás y en una bifurcación a mano derecha ascendemos el senderillo que sube al pie de una encina. Entre matas pinos y peñascos el Camí de Sa Torre, transcurre por el Comellar de Sa Rota, donde la senda recorre un frondoso encinar. Si miramos arriba, en la lejanía, enseguida; ya veremos las emblemáticas casas de Miramar; dispuestas sobre un acantilado, se encuentran orientadas hacia el mar. Una vez dejados a la derecha los restos de los Pedrissos de s’Entreforc e inmediatamente después de descartar otra vereda que se desvía hacia la izquierda, entraremos en la bella propiedad de Miramar para contemplar els  Pontets de Sa Font Coberta, construidos por el Arxiduc; constituyen uno de los ejemplos más representativos del patrimonio hidráulico de la Sierra de Tramuntana. Dicha edificación consiste en trece puentes dispuestos de forma transversal a lo largo de una serie de bancales. Haciendo referencia a cada uno de los 12 apóstoles y a Jesucristo, se construyeron para poder cruzar el torrente de sa Font Cuberta y así poder cultivar los bancales de las dos partes del arroyo. 
Al descender por otras escaleras hechas con palos, volvemos a alejarnos, solo por unos momentos de la bella propiedad de Miramar. Tras cruzar una zona de encinas, la ruta recorre un pronunciado ascenso por Ses Coves de Ponent; donde el itinerario sube a lo largo de una cornisa, sobre unas escaleras que fueron escavadas en la misma roca y mientras que dejamos atrás unas vistas increíbles; en las que predomina el azul del mar, contemplamos un bajo relieve que representa a la figura de Ramon Llull.  Esculpido en mármol de Carrara, se colocó en 1877 y hoy presenta un delicado estado.
Una vez hemos llegado a la cumbre del acantilado, estaremos situados justo en frente de las casas y los jardines de la propiedad de Miramar; hoy en día reconvertidas en museo. Entrar en el Monasterio de Miramar, requerirá paso previo por su museo.
En este lugar Jaume II fundó en 1276, a petición de Ramon Llull, una escuela de de idiomas orientales para los misioneros que intentaban convertir a los musulmanes del norte de África al cristianismo. Siglos después fue la propiedad preferida del Arxiduc. Sobre Ses Coves de Ponent y junto a una balsa de agua que permanece seca durante la mayor parte del año, se presenta el Mirador del Guix; que ofrece unas vistas despejadas sobre la zona del mismo nombre y Sa Foradada. Desde el mirador, si miramos hacia el norte, entre el verde plateado del olivar divisamos a otro mirador; “Es Mirador de sa Ferradura”  recibe su nombre por su singular diseño en forma de herradura. Se llega a él por un amplio camino de carro cerrado por una rejilla metálica.
A poniente de este último mirador, nace el Camí d’es Guix o de la mar, que con espectaculares vista sobre Sa foradada, desciende sostenido por unos muros de contención que soportan el camino. Tras unos cinco minutos, dejamos atrás al “Mirador des Miradors”, nombrado así por el Archiduque porque desde él mismo, se divisaban varios más, sin embargo actualmente la exuberancia de la vegetación nos lo impide. Este camino desemboca en unos pocos minutos en el encinar, a continuación en una bifurcación difícil de ver, el itinerario abandona al espectacular camino d’es Guix o de la Mar que sigue desviándose hacia la derecha descendiendo y que en unos 40’ nos llevaría hasta el mar cerca de una cantera de la que se extraía guix o hieso. En la espesura de un fresco encinar y sin camino alguno, tras sortear una vez más al mismo arrollo que más arriba recorre als Pontets de sa Font Coberta, el itinerario al fin, se incorpora al Camí nou de s’Estaca, que nace más arriba a los pies de la capilla. Enseguida el Mirador des Creuer se nos presenta sobre una peña rodeado de pinos. La construcción, en forma de prisma, dispone de unas escaleras en su parte frontal, con las que se accede a su parte superior y ofrece otras bellas panorámicas.
De aquí en adelante la vegetación se come el camino, o lo que queda de él y el itinerario en ocasiones bastante expuesto, inicia un descenso brusco hacia poniente sobre una pedregosa y resbaladiza senda.

20ª Ruta de
Senderismo por Sóller

Más que una ruta de senderismo, podría describirse como un itinerario cultural que discurre por los bellos parajes del Archiduque Lluís Salvador d’Habsburgo-Lorena i Borbó (1847-1915). Noble de la Dinastía Habsburgo Lorena, fue un gran aventurero que con sus dos veleros Nixe 1 y Nixe 2, se convirtió en un explorador del mundo. Gran entusiasta de las humanidades y las ciencias, el 1867 visitando Mallorca, se quedó entusiasmado por los bellos parajes de esta zona de la costa mallorquina. Al cabo de unos años, regresó a Mallorca para adquirir diversas propiedades en las que mandó construir una extensa red de antiguos caminos, miradores, casitas y refugios para que los caminantes pudieran conocer este hermoso lugar. Uno se sorprende al ver la magnificencia y grandiosidad del conjunto y el estado en el que se encuentra. Además, conoceremos s’Estaca y es Caló, dos lugares únicos por su propio encanto. Finalizaremos la jornada en el pequeño valle de Sa Marina, una lejana localidad costera.

duracion

dificultad
desnivel
bus
Duración
2 h 30"
Dificultad
Dificil
Desnivel
309a 575d
Regreso alternativo
consejos

Por su dificultad técnica es imprescindible que nos acompañe un guía titulado. Ruta muy apropiada para los días calurosos de verano, pues caminaremos a la sombra de un fresco encinar y podremos darnos un chapuzón en las cristalinas aguas de es Caló de S’Estaca.

foto 2

Rebasamos al último mirador de nuestro camino; el Mirador d’Es Figueral, de diseño muy simple y de forma cuadrangular domina la costa de Miramar. Poco a poco, el trazado mejora con la ayuda de unos parapetos, hechos con la técnica de piedra en seco.
Después de una era, el Camí Nou de s’Estaca finaliza y desemboca al Camí de Ses Vinyes, que se presenta en forma de pista pavimentada, en la próxima curva coincidimos con un tentador camino;“És camí de la mar”, que nace a la derecha y que nos llevaría a lo largo de la costa por la zona d’es Guix hasta Sa Foradada. Dejamos esta opción para otra ocasión y tras un cómodo descenso por dicha pista de asfalto, descubrimos a una aldea marinera que nos cautivará. Es Caló de s’Estaca fue refugió durante años de pescadores, sin embargo hoy en día se han convertido en moradas de temporada veraniega. El conjunto parece imagen congelada en el tiempo, externa al resto del mundo. En esta zona costera, la supervivencia nunca fue fácil y el hombre dependiendo de sus medios y del mar se dedicaba a la pesca o a la agricultura, también buscaban algunos beneficios complementarios en el estraperlo, actividad clandestina muy arraigada antiguamente en la zona. No sería posible abandonar estos parajes sin tomarse un baño en sus aguas cristalinas y disfrutar de la tranquilidad del lugar. Por el mismo itinerario, regresamos al cruce del Camí de ses Vinyes y después de ascender unos pasos más, nos sorprende la propiedad de s’ Estaca donde junto al camino, yace una gran roca que nos señala a una inadvertida senda que al otro lado del camino, remonta la montaña y se adentra en el encinar. Se trata del Camí de sa Barrera de sa Marina, que tras varios miradores más y una intensa subida, nos llevaría de vuelta a la misma carretera donde iniciamos la caminata. Desechamos tal opción y seguimos por la pista nueva de s’Estaca. Este último parte del itinerario, sin duda nos resultará una de las más cómodas del recorrido. Después de una tapia, nos despedimos de la emblemática propiedad de s’Estaca y de sus hermosas viñas de malvasía. Enseguida nos topamos con unas barreras metálicas, que salvamos por la derecha. Tras ses Cases d’es Sementer de sa Garrovera, nos topamos con una hermosa possessió solitaria, que el 1898 también pasó a formar parte del Arxiduc. Actualmente es una villa residencial su nombre; Sa Font Figuera se debe a un caudaloso arrollo que fluye entre las casas de la propiedad y el mar. Mientras que las paredes d’es Teix se levantan al fondo con su majestuosidad alpina, sobre un peñasco, nos llamara la atención otro mirador; se trata d'Es mirador de s’Erassa. Después de dos hornos de cal, el Camí de Ses Vinyes desemboca a la carretera del Puerto de Valldemossa que descendemos hasta llegar a nuestro destino.

mapa 20
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Descripción de la ruta
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panoramica

 
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